Detectar de forma temprana un TCA es una tarea compleja, pues no existe una sintomatología concreta que facilite la identificación del trastorno en el individuo. Sin embargo, existen dos posibles aspectos que pueden ayudar a reconocer que un individuo está comenzando a experimentar un TCA: insatisfacción corporal y la realización de una dieta sin justificación médica aparente. Es cierto que estos se establecen como conductas que, en la mayoría de casos, puede no conducir al desarrollo de un TCA, pero es imprescindible tener en cuenta que este trastorno se caracteriza por un diagnóstico tardío que dificulta, en gran medida, la recuperación en el individuo.
Así pues, se recomienda llevar a cabo la intervención a pesar de que exista la posibilidad de no estar frente a un caso de TCA en desarrollo. No obstante, si se cuenta con la sospecha de que un hijo o hija puede estar experimentando un TCA es oportuno prestar atención a las señales de alarma. Casulà (2021) destaca una serie de cambios que se producen en los hijos e hijas cuando sufren un TCA. Estos cambios se agrupan en físicos, conductuales, cognitivos y emocionales.

CAMBIOS FÍSICOS
- Cambios en el apetito.
- Pérdida o ganancia de peso.
- Heridas o hematomas en los nudillos (consecuencia del vómito autoprovocado).
- Tez pálida.
- Mareos frecuentes.
- Pérdida de fuerza.
- Caída del cabello.
- Aparición de vello corporal.
- Sensación de frío constante.
- Alteración y/o pérdida de la menstruación (amenorrea).
CAMBIOS CONDUCTUALES
- Cambios en los patrones de alimentación. Es decir, se producen cambios en la velocidad de consumo, en la cantidad que ingiere…
- Levantarse de la mesa en repetidas ocasiones.
- Buscar justificaciones para evitar comer, como afirmar que ya se ha hecho con antelación o que tiene dolor de estómago, entre otras excusas.
- Interesarse desmesuradamente por lo que comerán los demás.
- Beber agua de manera excesiva.
- Ir al baño después de cada comida.
- Envoltorios de comida en su dormitorio.
- Practicar ejercicio físico de forma compulsiva.
- Pesarse constantemente o evitar hacerlo.
- Observarse repetidamente en los espejos o evitar mirarse.
- Vestir ropa ancha y oscura.
- Aislarse en su dormitorio.


CAMBIOS COGNITIVOS
- Preocupación excesiva por el cuerpo y el peso.
- Miedo a ganar peso.
- Fijación y control sobre la comida: contar calorías, buscar dietas para adelgazar, etc.
- Pensamiento distorsionado sobre el cuerpo y el peso. Presenta interés en adelgazar estando en un peso adecuado para su edad y altura o, incluso, por debajo de él.
- Búsqueda de perfeccionismo.
- Rigidez mental.
- Autocrítica, especialmente con la imagen propia.
- Dificultades para concentrarse.
CAMBIOS EMOCIONALES
- Inestabilidad emocional.
- Cambios drásticos en el estado de ánimo.
- Bajo estado de ánimo: apatía, tristeza, pérdida de interés…
- Ansiedad.
- Sentimientos de culpabilidad posteriores a la ingesta de alimentos.
- Insatisfacción con el propio cuerpo.
- Baja autoestima.
- Aislamiento social.
- Ideas autolíticas.

